Wednesday, August 02, 2006 

What a wonderful life!

Me llamo Martín Andrés Zegers Swinburn. Nací el 15 de Junio de 1980. Soy arquitecto desde hace casi un año. Vivo en la calle Merced, al lado de una clínica veterinaria, al frente del parque forestal y a pasos de Plaza Italia en el centro de Santiago.
Vivo desde febrero con mi pareja, Ignacio Antonio del Río Matte, sociólogo de profesión. Edad:30 años.
El 16 de noviembre del año pasado me decidí a crear este blog, instigado por un grupo de amigos que querían que me uniera a la moda bloggera.
En un principio me propuse actualizar los contenidos de forma recurrente. Pero fue un espacio creado en días de soledad, cuando tenía todo el tiempo del mundo para hacerlo.
Eran momentos en los que el "Nacho" era sólo el amigo con ventaja. Y no había nadie más en mente.
Pero las cosas cambiaron. Las cosas en la empresa constructora donde trabajo también se pusieron intensas (más ahora con la construcción del gran edificio de Cencosud de Horst Paulmann en la Costanera). Además la vida en pareja. Cosa que no ha sido fácil, pero si muy satisfactoria.
Quise contarles lo idílico de la vida en pareja. Quizás para muchos, tanta azúcar en mis historias eran una soberana lata. Entiendo que en la vida hay momentos de dulce y agraz, pero para qué perder líneas en lo negativo. Cuando hay amor verdadero esos problemas se solucionan en el camino. Y así ha sido.
Quise impregnarlos con la emoción de cada historia, muchas noveladas para darle un efecto más romántico, pero no por eso menos reales y verdaderas. Hacen falta esos suspiros de historias de amor en nuestras vidas, por eso es que quise escribirles lo que buscaban en este blog.
Suponen ya que esta es la despedida y el cierre. Que "Con ánimo de amar" queda clausurado por tiempo indefinido.
La decisión la tomé por la falta de tiempo y por respeto a ustedes que quizás se paseaban buscando otra de mis aventuras.
Gracias de verdad a todos los que me visitaron y que comentaron. No nombraré a nadie en especial, porque muchos se pueden sentir si los omito sin querer.
Probablemente vuelva en un tiempo más. Ya saben que ninguna sentencia es para siempre. Cuando suceda, todos lo sabrán.
La foto superior la sacó el fotografo Ignacio del Río en nuestro viaje por Nueva York (esas vacaciones que me prometió luego de que me fuera solo a Barcelona por trabajo a principios de año, lo recuerdan?).
Llegué el domingo pasado de la "Gran Manzana" y esa ciudad maravillosa me llenó de suficientes pilas para lo que ya me esperaba el lunes en la pega. Necesito que el día tenga 25 horas!!
Eso pues. Un piaccere haber sabido de ustedes, y yo contarles un poquito de mi.
See you (léase "Si-lla") later!
Post Scriptum: la foto prometida la subo cuando Blogger me permita hacerlo.

Sunday, May 28, 2006 

Cortando cintas

Y llegó el día de la inauguración de nuestro refugio matrimonial. Y menos mal que Ignacio es amigo de Juan Pablo Johnson y él nos ayudó con algunas cosas del menú. Dividimos la celebración en dos partes: Una comida con los más cercanos, que fueron citados a las 8 de la noche. La cena fue oriental, comida hindú y marroquí. Sí, mucho cordero con ciruela y tagin, preparado todo por el banquetero amigo anteriormente mencionado. Y los invitados: nuestros padres, hermanos y los sobrinos (Sí, obviamente la Julieta tenía guardado un lugar especial).

De la comida, como pueden apreciar, no me preocupé. Eso es lo más cómodo de todo, trabajo servido a la mesa. No hay mejor cosa que tener buenos amigos. Sólo me preocupé de las flores, como la señora Dalloway. Ese primer sábado de abril fue de locos. Ya saben lo que es preparar una inauguración de este calibre, nos quisimos tirar con todo. Ya podrán suponer que, a nivel simbólico, esto era casi nuestra cena de bodas. Nuestros respectivos padres se transformaron en íntimos amigos, se lo conversaron todo. Y mientras todos conversaban durante la comida, y todo resultaba de maravillas, Ignacio y yo, sentados en cada punta de la mesa, nos hacíamos largos pestañeos como muestra de nuestra alegría, y como señales silenciosas de regaloneo.

Las familias Del Río y Zegers abandonaron nuestra morada a eso de las 11 y media de la noche. Felices y alabando a Juan Pablo por la rica comida. Y no pasaron 10 minutos, y ya Ignacio preparaba el ambiente cambiando la música de Frank Sinatra a Hotel Costes, cuando llega el primer invitado: mi amigo y colega arquitecto, Hugo Grisanti con un invitado muy “hip” y que para mi fue una sorpresa que estuviera allí, Mathias Klötz (otro colega, pero algo más “remilgado”). Y el Nacho estaba más sorprendido que yo. Con decirles, que llegaba una cierta cantidad de gente, y me llevaba al baño y me preguntaba “Qué hace aquí este huevón??”. Sí, porque muchos de los VIP que llegaron, fueron en calidad de paracaídas. Así de sencillo.


Por el lado del Nacho también llegaron algunos. La Ofelia Memoli, que es la directora del Elite Models en Chile (demasiado simpática ella), un publicista que se llama Polo Luisetti, que fue lejos el mejor vestido de la noche (le saqué la información que toda su ropa se la compra en el extranjero, nada acá. Con razón!), y la Carla Guelfenbein, que era amiga de una hermana del Nacho (de hecho, algunos de nuestros hermanos se quedaron a la fiesta) que llegó acompañada de un amigo, que resultó ser uno de nuestros vecinos, el siempre encantador Pablo Simonetti.

Y así sucedió todo, entre comida japonesa, wraps y camarones apanados, hechos por nuestro acreedor (a estas alturas) Juan Pablo Johnson. Conversación, y de Hotel Costes, a Everything But The Girl, Massive Attack, y hasta Madonna. Sonó de todo y nadie paraba de comer, de tomar, fumar y conversar. A la mañana siguiente, y luego de terminar exhaustos pero muy felices, sacamos la cuenta con el Nacho y en total fueron 80 los que llegaron al departamento, entre la comida familiar y la posterior celebración con amigos. Y lo mejor de todo, es que sin pedirlos, todos llegaron con regalos: Libros de decoración, un par de pinturas, unos cojines traídos desde el Greenwich Village, flores, unos collages tamaño extra large con miles de fotos de nosotros solos y con amigos. Muchos recuerdos, todos emocionantes.

Aclaro: No nombré al resto de nuestros amigos, porque puede que no cachen a nadie. Quise alimentar el “gossip”, contándoles sobre los VIP, que es lo “sabroso” al fin y al cabo. Todos se portaron bien (diré eso para que no me peguen algunos), y tanto para mí como para Ignacio, será una noche que nunca olvidaremos. Cuando terminó todo y quedamos solos, hicimos un último salud, para que esto perdure por mucho tiempo.

Post Scriptum 1: Gracias, mil gracias a todos los que comentaron en el post anterior. Me alegró mucho que la anécdota se transformara en una discusión sobre nuestro derecho a la paternidad.
Post Scriptum 2: mi Pablito Illanes, también fuiste una gran presencia en la celebración. Disculpe por mi fortuito olvido. Pero si no te nombraba, y como siempre lees mi blog, no me lo hubieses perdonado. Gracias por ese gran disco de la Sophie Auster que nos regalaste!
Post Scriptum 3: Un último aplauso y ovación de pie, para nuestro querido JP Johnson. Sin él, no sé que hubiéramos hecho. Te pasaste, mostro!!!

Friday, April 14, 2006 

Julieta

La Camila es mi hermana mayor. 4 años mayor. Tiene una hija, la Julieta de 2 años. El lunes pasado, la Camila tenía una reunión con sus amigas de universidad y me pidió que me quedara con la Julieta por unas horas.

No se imaginan lo que fueron esas horas. Yo e Ignacio con esta criatura exquisita y vulnerable. Tan vivaz como ingenua. Déjenme decirles que fácilmente se me despierta el instinto paternal cuando estoy con la Julieta, y más cuando me doy cuenta que he estado cerca de ella desde el día que nació. Y soy el tío más chocho del mundo. Cuando estoy con ella, me tiro al suelo, nos hacemos cosquillas y nos reímos mucho. Pintamos juntos, le doy su comida, cantamos y le cuento historias.

Esa noche de lunes, fue mágica por la alegría y la melancolía posterior. Ignacio se transformó con la presencia de la Julieta en el departamento. Los miraba como jugaban sobre nuestra cama, como los rizos dorados de la Julieta volaban por el departamento sobre los hombros de Ignacio jugando a la nave espacial. Y todo era ideal.

Me acuerdo cuando el año pasado, antes de que comenzáramos esta relación, Ignacio le trajo a la Julieta una polera Baby GAP de un viaje a Nueva York. Y en ese momento, cuando sólo era mi descuidado e irresponsable amigo con privilegios, me derretí con su gesto. Y todas las navidades, aparte de ayudarme a comprar todos los regalos, siempre le tuvo algo a ella.


Pasaron cosas insólitas esa noche, como cuando la Julieta comenzaba a hojear algunos libros que tenemos sobre la mesa de la sala de estar y tomó el libro de “The Male Nude” de Taschen y yo con Ignacio mirándonos con nervio y cierta curiosidad ante cualquiera de sus comentarios. Y los niños son sabios. Hojeó algunas páginas del libro en cuestión, nos miró a los dos y cerró el libro sin mediar comentario alguno. O cuando fuimos al baño y sale con el siguiente comentario: “Mi mamá tiene tantas cremas como tú”. Ups.

Pero ese no fue su única y más demoledora intervención. La Camila llegó cerca de la medianoche a buscarla. La escena ya era enternecedora: Ignacio y yo sobre la cama viendo televisión y la Julieta al medio de nosotros, durmiendo a un costado de Ignacio, exhausta después de tanto jugar. Y ahora viene la frase golpeadora y últimas palabras de la Julieta dichas en Ismael Valdés Vergara. Camila la levanta de la cama, ella se despierta y mi hermana le dice que se van a la casa y que se despida. Medio regañando y entre sueño, la Julieta responde: “No me quiero ir, me quiero quedar con el tío Martín y Ignacio”. Con el mencionado nos miramos intentando decir algo, pero a lo único que atinamos es a dibujar una tímida y muy pequeña sonrisa y a bajar la mirada. La escena finalizó con Ignacio poniéndole su abrigo y su gorro. Todo un padre.

El resto fueron besitos, consejos de que se portara bien, que fuera obediente, que se lavara los dientes antes de acostarse y esas cosas. Los agradecimientos de la Camila (más agradecidos estábamos nosotros) y nosotros con la emoción encerrada en nuestras gargantas, seguimos hasta el último con nuestros ojos como se iba ese pequeño “puntito” dulce que dejó nuevos aires en ese recién estrenado departamento.

Dormimos felices pero con un dejo de melancolía. Había un tema no hablado, y que hoy afecta a muchas parejas homosexuales como nosotros. A la mañana siguiente, mientras tomábamos desayuno, Ignacio no paró de hablar sobre todo lo que se había divertido con la Julieta. Cuando echaba llave al departamento, me dice: “¿Existirá una de nuestras amigas que esté dispuesta a tener por nueve meses en su guatita a nuestro hijo o hija??

Continuará…. (tarde o temprano).

* En el próximo post, que será luego (lo prometo), les contaré como estuvo la fiesta de inauguración del departamento que compartimos con Ignacio. Pasaron un par de cosas entretenidas y con invitados estelares incluídos…jeje.

Tuesday, March 14, 2006 

Santiago - Barcelona - Santiago

Dejé atrás la ciudad de Gaudí. Vengo llegando de casi 20 días en Barcelona. Fui enviado por la empresa constructora donde trabajo a reunirme con una serie de empresarios del rubro inmobiliario y arquitectos. Una especie de gran convención con respecto a los nuevos diseños arquitectónicos. Por eso mi ausencia. Pido las disculpas del caso, sé que algunos de ustedes pasaban y veían algo lateados las fotos de esos irresistibles que subí hace un mes.

No estuve solo en Barcelona. Me quedé en la casa del Polo, que es un amigo de la infancia y que oficia de gestor cultural en esa maravillosa ciudad. El departamento que comparten con Iñaki, su pareja, tiene una vista espléndida. Con decirles que cada mañana desayunaba mirando La Sagrada Familia de Gaudí. Exquisito.

Ustedes se imaginarán lo buenos para irse de “marcha” que son en Barcelona. Es cosa seria. La noche no se hizo para dormir. Fui a unas discotheques y a unos bares, que el Búnker y el Farinelli quedan como alpargata vieja. Comí demasiado rico, pero parece que fue para mejor. Ignacio me dice que más gordito me veo más sexy. Yo no estoy tan seguro de eso…

El Polo con Iñaki no sabían hasta que llegué allá que yo estaba seriamente comprometido. La cena de bienvenida invitaron a unos cuántos amigos con la idea de que pasaran por mi control de calidad. Fue bastante jocoso, me reí mucho. Muy entretenidos y guapos todos. Pero la fidelidad ante todo. Acá me esperaba “mi sol de miel” (Así le digo…sorry) y yo no hacía más que pensar en él.


Él hubiese ido conmigo, pero tenía copada su agenda con consultas. Y decidimos arrancarnos juntos en Julio. Nos vamos a Nueva York por dos semanas. Esas son vacaciones de invierno.

En fin. Las semanas en Barcelona, más allá de cuánta reunión, convención y seminario hubo, fueron bastante reconfortantes. Hace unos cuántos años que no estaba por esos lados. Pero ahora no estaba junto a la persona por la cual suspiro cada vez más fuerte y seguido. Si producto de este viaje tampoco hemos podido disfrutar en plenitud esto de vivir juntos. Apenas había pasado algo más de una semana cuando me salió esta partida. En esos días cuando aún acomodábamos nuestras cosas. Esas noches cuando nos sentábamos en el piso de madera con una copa de vino, exhaustos de desempacar cajas. Me fui a Barcelona con esos suspiros, y su brisa diciéndome que él se encargaría de todo lo demás. Que viajara tranquilo, que lo echara de menos.

Llegué el viernes en la noche. No quería perderme el cambio de mando y cuánta ceremonia hubiese en torno y en honor a nuestra presidenta Bachelet. Al bajar del avión y recoger mi equipaje, esta personita me estaba esperando. Sonriente, radiante y hasta con los ojos vidriosos. Me abrazó efusivo, yo también. No aguantaba más sin verlo. Me dijo al oído lo mucho que sintió mi ausencia, yo asentí de la misma manera. En el auto me besó, me dijo que quizás iba a pensar que era una exageración, pero que ahora había podido darse cuenta de cuánto me necesitaba y lo enorme que se sentía la cama sin los dos.

Yo no paraba de suspirar y de decirle lo mucho que me hace feliz. La noche del sábado fuimos al cumpleaños de un muy buen amigo nuestro, afamado guionista de teleseries (su nombre lo dejo en el anonimato, pero es muy conocido), comimos rico y brindamos por estar juntos nuevamente.

Ahora se viene, de verdad, mi vida con él. De todo eso les cuento en el próximo post.

Saturday, February 11, 2006 

Summer Refresh

La televisión por cable nos depara sorpresas. Hay tres series destacadas dentro de la programación: "Lost", Desperate Housewives" y "Nip/Tuck".

"Lost" comienza su segunda temporada en marzo por AXN. "Desperate Housewives" comienza su segunda temporada este jueves por Sony, y la tercera temporada de "Nip/Tuck" debería estar llegando en el transcurso de nuestro otoño por Fox.

Sin embargo, y exceptuando su calidad como buenos productos audiovisuales, tambien destacan sus protagonistas. Estos son los hombres que me han dejado "patidifuso" (tomando una palabra muletilla del dueño de un blog vecino) cada vez que aparecen en pantalla.

Esta es una refrescante muestra de lo que sus ojos podrán disfrutar durante este año por televisión.

"Lost"

MATTHEW FOX:
El héroe de la historia. Es "Jack Shepard", un médico cirujano que es el líder de los náufragos en una enigmática isla.


JOSH HOLLOWAY: Es la antítesis de "Jack Shepard". Es el enigmático y violento "James Sawyer", además de ser el rival en materias románticas de Jack, disputándose la conquista de "Kate Austen" (Evangeline Lilly).


"Desperate Housewives"

JAMES DENTON: Es el gásfiter o plomero que llega a Wisteria Lane en búsqueda del enigma de la muerte de su novia. Su nombre en la serie es "Mike Delfino". Al tipo se lo pelean entre la divorciada "Susan Mayer" (Teri Hatcher) y la sexy "Edie Britt" (Nicolette Sheridan).


RICHARD BURGI: Es el ex-esposo de Susan. Su nombre es Karl Mayer. No tiene aparición en todos los capítulos. Ojalá tengan la suerte de verlo...


"Nip/Tuck"

JULIAN McMAHON: Quién no ha sido presa de los encantos carnales del cirujano plástico Christian Troy. Definitivamente no tiene defectos. Único en su especie. Y su personaje en la serie está acorde al "carisma" que proyecta.

¿A quién no le da ganas de ver televisión, con tanto qué admirar?

Sunday, February 05, 2006 

Brokeback Mountain Alert!!!

Falta un par de semanas para uno de los estrenos cinematográficos más esperados por nuestra "comunidad". Para más, es la película más premiada del año, y postula a 8 premios Oscar.
El siguiente, es un revelador ensayo escrito por uno de mis autores favoritos, David Leavitt, en donde analiza detalladamente esta inusual historia de amor en la pantalla grande, aclara todas las dudas que, aun en nuestro desconocimiento de la película tenemos de ella. En fin, es la mejor guía antes del próximo 23 de febrero. Si no lo leen, ustedes se lo pierden.
HOMBRES ENAMORADOS

El estreno de Brokeback Mountain es inusual en muchos sentidos: es la primera vez que Hollywood financia una historia de amor explícita entre cowboys; es la primera vez en mucho tiempo que una escritora de primera línea queda satisfecha con la adaptación de un relato suyo a la pantalla, y es la primera vez que una historia de amor gay es considerada lisa y llanamente una historia de amor. A continuación, el gran escritor David Leavitt explica por qué Secreto en la montaña no es una película gay.
--------------------------------------------------------------------------------
por DAVID LEAVITT*
El gran amor, en las historias sobre hombres, suele ser un engaño, una causa perdida o una quimera. En Brokeback Mountain –la conmovedora adaptación del cuento de Annie Proulx realizada por Ang Lee–, en cambio, es exactamente lo que reza el slogan de la película: una fuerza de la naturaleza. Arriando ovejas en una montaña de Wyoming, dos pobres cowboys se encuentran de pronto atrapados en una pasión mutua que no tienen idea cómo nombrar, mucho menos cómo manejar. Ninguno de los dos se considera “marica”. Por el contrario, es la montaña la que recibe tanto el crédito como la culpa por el affaire que durante los siguientes veinte años revestirá sus vidas con una grandeza intermitente, aunque también los hundirá en los abismos. Ahora bien, ¿es Brokeback Mountain la primera película de amor gay filmada por Hollywood, como tanto se ha afirmado? La respuesta –y esto es muy positivo, creo– es: sí en lo que respecta a la historia de amor, y no a lo de gay. Que se entienda: esta película es tan franca en su retrato del sexo entre hombres como en el uso de las convenciones cinematográficas de romances a la vieja usanza. Sus estrellas son inapelablemente glamorosas. Jake Gyllenhaal y sus ojos enormes están muy lejos del pequeño y desdentado Jack Twist de Proulx; y el rubio Heath Ledger no se acerca siquiera al Ennis Del Mar “desgarbado y de pecho hundido” descripto en el cuento. Ni siquiera en esos momentos en los que Gyllenhaal y Ledger, con sus jeans a medida y sus camisas planchadas, parecen modelos de Wrangler más que un par de adolescentes demasiado pobres para comprarse botas nuevas, la película parece sintética (como la abismal Making Love, el clásico gay de 1982) ni tonta (como el porno gay). Por el contrario, la presencia de sus estrellas le facilita a Lee un medio para dar vida cinematográfica a algo que en esencia es un panegírico de la masculinidad.

Y la película es masculina. La deslumbrante actuación de Ledger revela una inesperada ternura en un personaje más proclive a expresar sus emociones a través de la violencia que de las palabras. Su Ennis Del Mar es tan monolítico como el paisaje montañoso en el que –con la misma rapidez, brutalidad y precisión que exhibe al dispararle a un alce– se coge a Jack Twist por primera vez. (“El arma dispara”, gruñe Jack como respuesta –en el cuento, no en la película–.) La sorpresa que el affaire despierta en Ennis –por sus inconvenientes tanto como por su intensidad– refleja una humildad fundamental que choca con los deseos de Jack por tomar riesgos. Es Jack quien propone una y otra vez la convivencia, un plan que naufraga ante el pragmatismo de Ennis (por no hablar de su miedo), incluso después que su esposa Alma se divorcia de él.

En cambio Ennis limita la relación a viajes de caza y pesca, dos o tres veces al año. Es como si creyera que no se merecen algo mejor. En cuanto a Jack, la misma altanería que lo hace soñar con una “vida dulce” con Ennis lo lleva a buscar sexo con otros hombres a pesar de su propio matrimonio –opción que Ennis nunca contempla–. En una escena clave, Jack, decepcionado al saber que, aun después de su divorcio, Ennis no tiene intenciones de comenzar una vida a su lado, maneja hasta un pobre simulacro de Juárez, donde se levanta a un prostituto y desaparece con él en la oscuridad de un callejón. La escena es perturbadora porque presenta un brutal contraste entre el exaltado amor de Jack y la imagen de Ennis en la montaña. Por unos segundos, vemos el paisaje urbano que era el escenario de las películas gay que, en las grandes ciudades, se proyectaban en el mismo momento en que la escena tiene lugar; películas como Nighthawks y Taxi zum Klo, en las que la promiscuidad sexual es al mismo tiempo celebrada como una forma de liberación y lamentada como el pálido sustituto de una conexión significativa.

No hace falta decir que Brokeback Mountain es una película completamente diferente. Quizás hace falta una mujer para crear una historia en la que dos hombres experimentan el sexo y el amor como un único rayo que los une de por vida; ciertamente, el cuento de Proulx está muy lejos de novelas gay canónicas como The Farewell Symphony, de Edmund White, o The Swimming Pool Library, de Allan Hollinghurst, que poetizan la promiscuidad urbana y las aventuras sexuales. Proulx, en cambio, exalta la pareja al relacionarla con la naturaleza. Su narración, con ecos de western, es elíptica, manejada por un motor tan impredecible como el que hace funcionar el problemático camión de Jack Twist, con el resultado de que a veces retrocede a escenas que un escritor más convencional hubiera puesto en el centro y al frente.

Aunque Brokeback Mountain puede contener el germen de un romance de Hollywood, es cualquier cosa menos convencional. Es cierto, los guionistas Larry McMurtry y Diana Ossana plancharon las rarezas de Proulx, pero no eliminaron sus excentricidades; en cambio, encontraron un paralelo cinemático en su apropiación de las convenciones hollywoodenses sobre la masculinidad. Es así, particularmente en la última mitad del film, que alterna escenas de malestar doméstico cotidiano (y los raros triunfos emocionales) con los viajes que Jack y Ennis hacen juntos a la montaña, durante los cuales, mientras envejecen, el sexo queda relegado y queda lo que puede ser descripto como una especie de calma conyugal. Lo que ambos hombres quieren, queda claro, es lo que Ennis teme tener: la constancia y la compañía mutua. Hacia el final, el Ennis de Ledger tiene achaques físicos y el Jack de Gyllenhaal ha desarrollado una barriga y un gran bigote. El resultado es la defensa del casamiento gay, defensa más elocuente aún en su evasión de las banalidades implicadas en la palabra “gay”.

De hecho, con la excepción de la escena en Juárez, nada en Brokeback Mountain grita “gay”. Ninguno de los héroes esquiva el sexo con mujeres. En cambio, simplemente señalan que prefieren el sexo entre ellos. En el cuento, Ennis le pregunta a Jack: “¿Esto le pasa a otra gente?”, y Jack contesta: “No pasa en Wyoming y si pasa no sé qué hacen, a lo mejor se van a Denver”. Es interesante que los guionistas hayan dejado fuera de la película esta única mención de un posible refugio urbano, cuyo punto parece ser menos subvertir las convenciones del lazo masculino que extenderlas. “Amante” es una palabra que Ennis y Jack jamás pronuncian. Usan “amigo”. Cuando se besan, se chocan los dientes. El respeto por algún pesado ideal de lucha masculina subyace y al mismo tiempo interrumpe su habilidad de amarse el uno al otro: una idea que Ledger en particular consigue al vestir su actuación de una ternura seca y reticente, la de las estrellas de los westerns de los años ’50. Su estoicismo lleva adelante la película, y nunca de forma tan emotiva como cuando murmura su línea fundamental: “Si no se puede arreglar, hay que soportarlo”.

¿El hecho de que ninguno de los personajes principales de Brokeback Mountain sea abiertamente gay tiene algo que ver con la feliz resistencia de la película a destilar clichés del cine gay? Quizá. En cualquier caso. McMurtry, Ossana y Lee merecen tanto crédito por su tenacidad (les tomó siete años hacer la película), como por la habilidad para traducir la deprimente y oscura narración de Proulx en un film con un aire épico que sin embargo se las arregla para ser afectivamente idiosincrático en su retrato de dos hombres enamorados. En definitiva, Brokeback Mountain es menos una historia de un amor que no se atreve a decir su nombre que la de uno que no sabe cómo decir su nombre, y es de alguna manera más elocuente en su falta de vocabulario. Ascendiendo desde chaturas donde viven vidas de humillación rutinaria, Ennis y Jack se convierten en los héroes ingenuos de una historia que no tienen idea de cómo contar. El mundo les rompe las espaldas, pero en esta valiente película son tan icónicos como la montaña.

El norteamericano David Leavitt es el escritor gay canónico de las nuevas generaciones, autor de libros como El lenguaje perdido de las grúas, Baile en familia, Amores iguales, Mientras Inglaterra duerme (todos editados en castellano por Anagrama), entre otros.

Wednesday, February 01, 2006 

Summer Lovin'

Me esta molestando escribirles puras historias dulzonas. A ratos creo que estas historias donde el mundo es maravilloso, las flores tienen ese olor inconfundible a edulcorada frescura, y el aire es de una tibieza envolvente y romántica…esas historias, no tienen la densidad y la complejidad que muchas veces queremos darle.
Pero son MIS historias. No hay más. En un blog vecino, me encontré con una notable entrevista a Pablo Simonetti, y en una de las preguntas hechas por el apuesto y talentoso entrevistador, el escritor hablaba de la autorreferencia de los escritores. En resumidas cuentas, Simonetti (como te envidio Blackbird de haberlo tenido tanto rato frente a ti) dice que no podemos escapar de ella, porque siempre hablamos de nuestro mundo, de nuestros referentes y vivencias. Básicamente de lo que tenemos más cerca.
Es por esto que me atrevo, a contarles una más de mis inspiradas historias. Esas historias que suceden y que son mis vivencias. Inolvidables por lo demás.

El lunes regresé de mis vacaciones. Fueron un poco más de 10 días entre Marbella, Maitencillo y Zapallar. Fueron un poco más de 10 días en los que viví la experiencia de vivir mañana, tarde y noche con la persona a la cual amas. Amanecer juntos junto a la impresionante vista al océano que teníamos enfrente. Tomar desayuno, ir a comprar frutas y verduras, preparar el almuerzo, leer, caminar por la orilla del mar en el atardecer acompañado con eternas conversaciones. Luego comer algo, ver una buena película abrazados en el sillón, o de lo contrario ir a visitar a algunos amigos a los balnearios vecinos. Luego llegar a casa, amarnos hasta la madrugada y así de maravilloso todos los días.

Hace un par de años que me fui de la casa de mis padres para vivir completamente solo. Nunca antes había experimentado esta especie de convivencia casi matrimonial por más de uno o dos días. Y estos días de descanso, fueron días de aprendizaje, de crecimiento, de una calma placentera y con la constante sensación de cuando nos acostamos desnudos a una alfombra peluda, y nuestros poros se abren y no nos sale nada más que un suspiro sordo que nos regala tranquilidad.

Y ahí estaba el señor Ignacio del Río, deleitándome con sus dotes culinarias noche a noche, cuando preparaba unas exquisiteces que solo él las puede preparar. Con esos baños de tina antes de dormir, esas Maravillas que ponía en el florero de la mesa principal, todos los días cuando iba en búsqueda del periódico del día y de algunas cosas ricas para desayunar.

Pero toda aventura llega a su fin. Ignacio tenía pacientes a partir del martes, y yo comienzo de nuevo en la constructora a partir del lunes. Sin embargo, estos días no han sido de descanso. Estoy ordenando, sacando, eligiendo y desmontando las cosas de mi departamento. Me cambio a tres cuadras de donde vivo.

En el camino de regreso a Santiago, Ignacio mientras manejaba me llevaba puesta su mano derecha sobre mi pierna y yo posaba mi mano sobre la de él. Escuchábamos a “Belle & Sebastian”, y mientras cantábamos a dúo “If your find yourself caught in love”, sorpresivamente estaciona el auto a un costado de la carretera. Me dice que tiene una propuesta que hacerme. “Quiero que vivamos juntos, quizás en mi departamento que es más grande. Qué opinas?”.
Yo, helado, estupefacto. Gratamente sorprendido. Esbocé una sonrisa y como un novio en el altar respondí “Si, acepto”. No, en realidad fue “Me gusta la idea, esta semana comienzo la mudanza, te parece?”. Él no me respondió nada, solo me dio uno de esos besos que él me da. Llenos de amor, pasión y ahora de cierta gratitud. Comenzaremos algo importante, él y yo lo sabemos.

Me presento

  • Soy Martín Zegers
  • Les escribo desde Parque Forestal, Santiago Centro, Chile
  • Arquitecto. Vivo con mi pareja frente al forestal, y sólo unas cuadras de mi antiguo hogar. Estoy construyendo algo nuevo. Al igual que este blog. Espero que resulte. Amor para todos!
Mi expediente público
Powered by Blogger
and Blogger Templates